Se estima que 8 de cada 10 personas sufren, al menos, un evento de dolor lumbar a lo largo de su vida. Bien instaurado de forma rápida y aguda (distensión músculo-ligamentosa), o bien producido de forma lenta y crónica (artrosis o hernia discal). El dolor lumbar está causado, en el 97% de los casos por una alteración de la propia maquinaria vertebral.
En su mayoría, se trata de trastornos de origen músculo-ligamentoso (50% de los casos), y otros menos frecuentes de origen degenerativo o relacionados con la edad, como artrosis (40%), hernias de disco (4%) o estenosis del canal vertebral (3%). Tan sólo el 1% de los casos de dolor lumbar son atribuibles a causas no mecánicas, como neoplasias o infección, y el 2% restante se origina por alteraciones viscerales (enfermedades renales, de órganos pélvicos, gastrointestinales o aneurismas aórticos, entre otras) que producen dolor referido.
Por tanto, la causa del dolor lumbar que presentan nueve de cada diez pacientes se debe a una alteración de algún músculo, algún ligamento o alguna articulación. Y aunque es interesante conocer esta incidencia teórica, la práctica no debe verse condicionada con estas estadísticas, siendo la anamnesis y exploración el camino clave para llegar al diagnóstico.
Lumbalgia de origen músculo-ligamentoso
La mayoría de los episodios agudos de dolor lumbar se deben a una puesta en tensión excesiva de algún músculo o ligamento. Este estiramiento brusco que cursa con dolor se denomina distensión, y se produce cuando el músculo se estira por encima de sus posibilidades fisiológicas, manteniendo su integridad pero sin llegar a romperse.
Los músculos que con mayor frecuencia vemos asociados al dolor lumbar son el cuadrado lumbar, el psoas ilíaco y el piramidal. Por el contrario, el ligamento con mayor probabilidad de lesionarse es el ligamento iliolimbar.
El psoas ilíaco
Su función es ser el gran flexor de la cadera, así como rotador externo y abductor. El dolor del psoas se reproduce en el punto gatillo a nivel inguinal, con la presión sobre el troquiter, sobre la fosa ilíaca derecha (en pacientes delgados) y con las maniobras de flexión activa de cadera contra-resistencia o extensión pasiva de ésta (por el estiramiento).















